Centro de Arte Moderno y Contemporáneo Daniel Vázquez Díaz de Nerva
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Manuel Salinas:
solo de pintura Francisco Rivas
«Es probable que haya música, pero nos las arreglaremos para encontrar un rincón silencioso para conversar.» (John Cage: «Eric Satie», Art News Annual, 1958)
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Hemos
llegado a un punto en que resulta prácticamente imposible adentrarse en ninguno
de esos saraos-exposiciones, festivales, salones, ferias...- llamados
artísticos sin vernos asaltados por un persistente ruido de fondo. Música,
vocerío, chirridos, sonidos de toda clase y condición. Un murmullo que no
cesa. Una especie de banda sonora que, cuando no es propia, procede de la obra o
la instalación o el monitor o sea lo que fuere del vecino. Interferencias
propias y/o ajenas. Y no me refiero a aquellas artes de naturaleza auditiva -la
música- o mixta -el teatro-, sino a aquellas de naturaleza visual o plástica,
por utilizar remoquetes que, a estas alturas de la función, cada vez tienen
menos sentido.
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Sin título, 1981 Óleo sobre lino. 145 x 113,5 cm. Colección Centro de Arte Moderno y Contemporáneo Daniel Vázquez Díaz de Nerva (Huelva) |
En tiempos aún no muy lejanos, la pintura encarnaba más y mejor que ninguna de las otras artes esa antigua aspiración al silencio. Afrontar un buen cuadro, ya fuera en la venerable galería de un museo o en cualquier otro recinto, era un ejercicio de contemplación visual, no forzosamente pasivo -no confundir recogimiento con pasividad-, y la contemplación visual un paradigma del silencio mismo. Uno no puede dejar de recordar con cierta nostalgia aquellos paseos solitarios y silentes por las salas de museos decimonónicos donde el espectador llegaba a sentirse un fantasma más en aquellas galerías de fantasmas, otra sombra muda que se confundía con la multitud de sombras que se proyectaban por aquellos laberintos de opacos espejos. Obras, cuadros, lienzos, decíamos entonces en nuestra alocada juventud, empañados por el peso de la tradición, la pátina del tiempo, el polvo de los años. Decíamos polvoriento cuando en realidad queríamos decir polvo o cenizas y aire y viento. |
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No pongo en cuestión la legitimidad del ruido. A fin de cuentas se trata de un signo de los tiempos. Pero resulta paradójico que a lo largo del pasado siglo la reivindicación del silencio haya sido encabezada fundamentalmente por músicos contemporáneos. Reivindicación del silencio que resulta indisoluble de la reivindicación de otras músicas, otros sonidos a los que apenas prestamos atención debido, sobre todo, a la contaminación acústica reinante. «Silence» se llama, precisamente, la recopilación de los ensayos y conferencias de John Cage que la editorial Ardora acaba de poner en circulación en español. Y al epílogo que Juan Hidalgo ha escrito para esta edición pertenece esta pertinente admonición: «Como opuesto al Silencio nos enfrentamos al Ruido, y entre el ruido o los ruidos no hay ninguno más potente que es el Silencio Cultural que buscamos afanosamente muchas veces en el transcurso de nuestras vidas. |
Sin título, 1981 Óleo sobre lino. 110 x 101 cm. Sevilla, colección particular. |
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Sin título, 1984 Óleo, grafito y cera sobre cartón. 55,6x50 cm. Sevilla, colección particular. |
Sabemos que Ese Silencio equivale a menos ruido o a muchos menos ruido. Es decir, a mucho más blanco que negro o a mucho más negro que blanco, y que, definitivamente, dentro del ruido más absoluto -olvidé, no hay absolutos- está presente siempre el silencio. No hay blanco sin negro ni negro sin blanco, y es por ello que el murmullo del fluir de nuestra circulación sanguínea y el sutil silbido de nuestro sistema nervioso los llevamos con nosotros desde nuestra concepción hasta nuestra muerte. Muerte que también suena». La pintura siempre ha sido elocuente, y debería seguir siéndolo. sin por ello dejar de ser silente, que no muda. Manuel Salinas, que todas las Semanas Santas ficha en la Cofradía del Silencio y también en algunas más bulliciosas, sabe bien cuál es la diferencia. Porque en ambos casos cierta gravedad siempre es necesaria porque esa gravedad se convierte en mera afectación si no va acompañada de una dosis adecuada de fina ironía. Con los años uno aprende a mantener la postura y a guardar la distancia justa. Muy a menudo los textos sobre pintura están salpicados de imágenes sonoras, de metáforas musicales, de equivalentes sinestésicas. Kandisky hablaba del sonido interior de la pintura, cómo Bergamín teorizó sobre la música callada del toreo. Este decir de la pintura no se articula necesariamente como discurso o narración. Cuántas veces no decir nada es la mejor manera de decirlo todo. Cuántas veces el silencio es mucho más elocuente que la palabrería. Diego Cortez terminaba su introducción al catálogo de la exposición de Salinas en la galería madrileña La Cúpula, en 1980, con aquel interrogante que Alicia le hizo al gato durante su viaje al País de las Maravillas: «Pero ¿cómo puede uno hablar con una persona que siempre te dice lo mismo?». |
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Sin título, 1984 Óleo, sanguina y grafito sobre cartón. 55,6x50 cm. Sevilla, colección particular. |
Muy sencillo: no hablar de lo que la pintura dice o calla, sino de cómo se hace la pintura. Un diálogo para el que cada vez resulta más difícil encontrar interlocutores y que, en el caso de Salinas, apenas si ha podido materializarse con algunos pintores de su generación, Campano hace algunos años, o Paco Reina, otro abstracto resistente, en los últimos tiempos.
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Sin título, 1983 Óleo, sanguina y grafito sobre cartón. 55,5 x 50,6 cm. Sevilla, colección particular |
Sin título, 1983 Óleo, grafito y cera. 57 x 50,7 cm. Sevilla, colección particular |
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Sin título, 1984 Óleo, grafito y cera sobre cartón. 55,5 x 50 cm. Sevilla, colección particular |
Sin título, 1984 Óleo, grafito y cera sobre cartón. 55,5 x 50 cm. Sevilla, colección particular |
Para comprender el trabajo y la actitud de Salinas no hay que olvidar que a su condición de sevillano militante se une su otra condición de catalán. A Barcelona le unen, en efecto, profundos lazos familiares, espirituales y, de alguna manera, estéticos. Vínculos fundamentales sobre todo en sus años formativos, allá por los últimos sesenta y durante la década de los setenta. «La vanguardia y el diseño catalán». Esa raíz catalana se manifiesta en su especial forma de sentir la arquitectura y el urbanismo, en una determinada sensibilidad hacia lo espacial. También en su gusto por la obra bien hecha, por el empaque formal, por la calidad de los materiales. Y en un sentido cosmopolita del arte y de la vida. Aún recuerdo algunas de las primeras conversaciones que tuvimos, durante algunas de las últimas exposiciones de la galería La Pasarela o algunas de las primeras de la galería Juana de Aizpuru. Salinas siempre nos ponía los dientes largos hablando de cruceros por la Costa Brava o de visitas a la factoría de Warhol. Su corazón, sin embargo, siempre tuvo una puerta privilegiada orientada a Italia. Apenas un modesto arco en un esbozo de jardín. Como aquellos de los médicis que pintó Velázquez. Sus pequeños grandes manifiestos. Y algo de manifiesto secreto tenían también aquellas abstracciones moduladas en forma de arcadas que Salinas pintó hacia 1987. Sea como fuere, de lo que no cabe duda es de que se trata de alguien que ha contribuido más y mejor que muchos arquitectos y urbanistas a hacer una relectura italiana de Sevilla.
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Cosmopolita y sedentario. Un artista que cultiva la reserva, consciente quizás de que la pintura, hoy por hoy, es un oficio en vías de extinción que sobrevive en unas pocas y selectas reservas, abismada en algunos talleres. Pocos casos conozco como el suyo en el que se haya producido un tal grado de identificación entre la pintura y el taller. Un espacio, el de Jesús del Gran Poder-69, lindante con la Alameda de Hércules, que ya pertenece al imaginario sentimental de muchos de los que hemos frecuentado Sevilla durante las últimas décadas. Uno de esos espacios abismales que son el mejor autorretrato de quien los habita y donde, escribió en su día Juan Manuel Bonet, «sigue librándose una de las aventuras pictóricas más hermosas de este momento español».Y más admirables, añadiría yo, por lo que a estas alturas -repito- de la función, empieza a tener de aventura numantina. |
Sin título, 1986 Óleo, lápices de cera y grafito sobre papel. 55,5 x 49,5 cm. Sevilla, colección particular. |
Alguien ha escrito, y lleva razón, que la de Salinas es una pintura sin trampas, que juega con el tiempo. Entre otras cosas porque el tiempo siempre juega a favor de la buena pintura y en contra de los pintores tramposos. Y esto es así, acaba siéndolo, por muy lento que sea, tantas veces, ese juicio inapelable, y por mucho que su veredicto llegue cuando al autor ya le sirve de muy poco. Eso es algo que a Salinas no le roba el sueño. El consuelo que él busca en la pintura es, parafraseando a Boecio, de índole filosófica y moral. Cómo buen estoico no le asustan las renuncias y está vacunado contra las incomprensiones.
Lo que podemos llamar el proyecto pictórico de Salinas empieza a configurarse durante la primera mitad de los años setenta, coincidiendo con su nunca bien ponderada intervención en la vida cultural de la ciudad a través del Centro de Arte M-11. Con anterioridad hubo una década de tanteos y experimentos que oscilaron entre unas naturalezas muertas barrocas y vegetales hasta diversos tanteos geométricos y experimentales. Una época que habrá que revisar en su día pero que sólo cabe entender como un preámbulo a lo que me he referido como proyecto pictórico. Un proyecto al que el propio pintor siempre ha definido con cierto humor como abstracto-estricto y que, a la vuelta de tres décadas, no puedo sino sorprender por su coherencia y ambición.
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En el mismo podríamos distinguir tres fases de desarrollo. Una primera etapa -buena parte de los años setenta- que yo, para simplificar, llamaría conceptual. Lienzos y papeles con una dominante cromática de ocres, sienas y marrones pero en los que lo fundamental era el juego de las zonas de color, las manchas, trazos y garabatos sobre una trama reticular o cuadrícula que siempre vertebra el espacio por detrás. Un juego formalista y ciertamente ambiguo. Construir o insinuar una estructura, un equilibrio, para romperlo. Una obra que, de alguna manera, cabría emparentar con la de algún otro pintor abstracto sevillano de su generación, caso de José Ramón Sierra. En una segunda etapa podría decirse que Salinas se desmelena. Lo que antes era contención se torna desbordamiento. |
Sin título, 1986 Óleo, lápices de cera y grafito sobre papel. 55 x 49 cm. Sevilla, colección particular. |
El protagonismo de esta obra, realizada en torno a 1980, es el gesto automático o semiautomático, la pincelada expresiva y brava, un sentimiento que se enraíza en la tradición del mejor expresionismo abstracto americano. Una tradición que en España tuvo amplio eco entre los pintores de la generación del cincuenta y más tarde, en la generación de los ochenta. Salinas participó en aquellas ardorosas batallas por la pintura que se ventilaron en torno a 1980. Aquella generación que vindicó primero a José Guerrero y luego a Esteban Vicente. La que hizo su peculiar relectura de la Escuela de Nueva York a través del inquisitivo prisma parisino y matissiano de los teóricos de Support-Surface. Una batalla a fondo por la forma, por la autonomía y por la especificidad del hecho pictórico, no sé si contra la dictadura del significado, como proclamábamos entonces, desde luego sí contra muchas de sus servidumbres. Soporte y superficie. Ideas, propuestas que circulaban por el aire y que Salinas nunca hizo suyas con una óptica teoricista. Él, más bien, es un pintor materialista, en el sentido que se interesa sobre todo por la materialidad de la pintura, o por decirlo en fórmula de entonces que hoy suena tiernamente antañona, por la práctica de la pintura. En esta época Salinas realiza sobre todo cuadros de gran formato, lienzos en torno a los dos metros cuadrados, cuya superficie le permite emplear todo el arco del brazo. Emplearse a fondo. Este gusto por los formatos mayores, compactos y sólidos, se convertirá en una de sus señas de identidad.
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Sin título, 1987 Óleo, lápices de cera y grafito sobre papel. 52,5 x 49 cm. Bormujos (Sevilla), colección particular. |
La tercera época, por fin y como cabía esperar, supone una síntesis de las anteriores y al tiempo una demostración de madurez. El gesto devuelve el protagonismo al color, como si se diluyera en cierta seducción atmosférica. El barroco se limpia de florituras. Una geometría esencial aflora al primer plano. «Óleo en barras con pigmento» fue el irónico título de una de las exposiciones que marcaron este tránsito. Título significativo en un pintor que reniega de los títulos por principio, así como de cualquier otro elemento que pueda interferir en la contemplación de la obra. Pinturas que se organizan a menuda en grandes bandas verticales. Franjas de color capaces de generar inusitados efectos armónicos o hipnóticas disonancias. Estructuras primarias que, salvando las distancias, nos traen a la memoria las fosforescencias de franjas como Sean Scully, tan apreciado hoy en nuestro país. Implosión cromática que, otras veces, como por contrapunto, se hace ascesis, economía de medios, en cuadros que sin dejar de ser abstractos ofrecen un cierto eco morandiano. |
Cuando visito el estudio de Jesús del Gran Poder no puedo dejar de observar la curiosa colección de figuras geométricas de madera, escuadras, cartabones y marcos antiguos. Una colección que siempre estuvo ahí. Que es anterior al mismo estudio.
Paralepípedos y formas geométricas cuyo rastro fantasmático con frecuencia se puede adivinar en muchos de estos cuadros. Ecos de una realidad que puede ser tan abstracta como la misma pintura. Como abstractos pueden ser los sentimientos y las emociones que provoca. Realidad, pintura, emociones y sentimientos que eluden nuestros torpes intentos por describirlos. Podemos, en cambio, auscultarlos. Escuchar su pálpito. Palpitaciones internas que marcan el ritmo del devenir de la existencia. Y el fluir de la pintura en el tiempo. Pues sólo si entendemos la pintura como un ser vivo -lo demás son artefactos o cachivaches- lograremos entender el extraño influjo que ejerce sobre nosotros. Esa fascinación que nos producen estos solos de pintura de alguien que, como Salinas, cifra su mayor ambición en ser un pintor tan sólo. La abstracción antes que una cuestión formal es un estado del alma. Y el anhelo de cierta pureza una vieja aspiración de una parte irrenunciable de la vanguardia.
L`Escala, III-2003
| Manuel Salinas:
Sevilla, 1940
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| EXPOSICIONES INDIVIDUALES | EXPOSICIONES COLECTIVAS |
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1962 Galería La Rábida, Sevilla 1964 Sala Gres, Barcelona 1965 Galería La Pasarela, Sevilla 1969 Galería Dinastía, Lisboa, Portugal 1971 Galería Le Savouvroux, Casablanca, Marruecos 1974 Galería Esede, Bogotá, Colombia 1975 Galería Buades, Madrid Galería Esede Medellín, Colombia Galería Galeriet, Lund, Suecia 1976 Galería Buades, Madrid Galería Esede, Bogotá, Colombia 1977 Galería G, Barcelona Galería Esede, Bogotá, Colombia 1978 Galería Anders Tornberg, Lund, Suecia Galería Buades, Madrid Galerías Avellano, Granada Galería Ciento, Barcelona 1980 Galería Buades, Madrid Galerías Avellano, Granada 1981 Galería Ciento, Barcelona Galería Múltiple, Sevilla 1982 Galería Buades, Madrid Galería Múltiple, Sevilla Fundación Valdecilla Casa Velázquez, Madrid 1984 Galería Ciento, Barcelona Galería Buades, Madrid 1985 Galería Juana de Aizpuru, Sevilla Galería Cadaqués, Cadaqués, Gerona 1987 Galería La Cúpula, Madrid Galería Ciento, Barcelona 1988 Galería Fausto Velázquez, Sevilla 1989 Galería Beatrice Bardeau, Marbella, Málaga 1990 Galería Columela, Madrid 1991 Galería Columela, Madrid 1992 Galería Haurie, Sevilla 1996 Galería Deimos, Bogotá, Colombia Sala Municipal de Exposiciones Lonja de Pescado, Alicante Salón Avianca, Barranquilla, Colombia 1997 Galería Almirante, Madrid Palacio de Villadompardo, Jaén Galería CAG, Sevilla 1998 Galería Félix Gómez, Sevilla Galería Alejandro Sales, Barcelona 1999 Galería Félix Gómez, Sevilla Galería Palpura, Lisboa, Portugal 2001 Galería Félix Gómez, Sevilla 2003 Arte Español para el Exterior. Ministerio de Asuntos Exteriores. Sociedad Estatal para la Acción Cultural Exterior. SEACEX. Sofía, Bulgaria, Galería Nacional de Arte Extranjero Caja San Fernando, Sala Chicarreros, Sevilla COLECCIONES PERMANENTES Colección Banco de España, Madrid Colección Fundación La Caixa, Barcelona Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, Sevilla Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid Museo de Arte Contemporáneo, Tenerife Museo de Cadaqués Cadaqués, Gerona Museo Vázquez Díaz, Nerva, Huelva Museo de Arte Contemporáneo Madrid Colección Olivetti Colección Argentaria, Madrid Diputación Provincial de Cádiz Diputación Provincial de Madrid Fundación El Monte, Sevilla Colección Endesa-Sevillana de Electricidad Colección BBV Museo de Arte Contemporáneo Patio Herreriano, Valladolid Colección Avianca, Barranquilla, Colombia.
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1965 Galería La Pasarela. Sevilla 1968 Miniformas, Galería La Pasarela, Sevilla G. Colombina, Huelva Galería Internacional, New York, EE.UU. 1969 Pabellón Español, Sant Louis, Missouri, EE.UU. Universidad Laboral. Sevilla 1970 Selección Diseño Adi-Fad, Barcelona Galería Internacional, New York, EE.UU. 1971 Homenaje a Marcel Duchamp, Galería Juana de Aizpuru, Sevilla 1971 Homenaje al Barroco, Galería Juana de Aizpuru, Sevilla 1974 Bienal de Obra Gráfica y Arte seriado Internacional, Segovia y Sevilla Pintores Andaluces II, Caja de Ahorros San Fernando, Sevilla 1975 Dices Abstractos, Galería Buades, Madrid 1980 Bienal de Artes Plásticas, Belgrado Alcances, Cádiz 1981 Pintores Andaluces, Ayuntamiento de Nerva, Huelva Galería Antonio Machado, Madrid 1982 26 Pintores, 13 Críticos, Fundación La Caixa. Itinerante Barcelona, Madrid, Valencia, Cáceres, Tenerife, Salamanca y Santander Exposición Amnistía Internacional, Madrid El Collage, Monte de Piedad, Sevilla Arco'82, Galería Buades, Madrid Pintores Andaluces, Museo de Arte Contemporáneo, Bilbao Diez Pintores Sevillanos, Museo de Arte Contemporáneo, Sevilla 1983 Diez Pintores Sevillanos, Museo de Arte Contemporáneo, Madrid y Ayuntamiento de Málaga Dibujos de Pintores Sevillanos, Monte de Piedad, Sevilla Casa Lis, Salamanca 1984 Salón de los 16, Museo de Arte Contemporáneo, Madrid, Pabellón Mudéjar, Sevilla y Diputación Foral de Navarra 21 Pintores Andaluces, Casa Lis, Salamanca Diez años-once artistas 1974- 1984, Galería Ciento, Barcelona Festival de Ia pintura, Monte de Piedad, Sevilla 1985 Mahón'85, Mahón, Menorca Galería Cadaqués, Cadaqués, Gerona Galería Juana de Aizpuru, Sevilla 1986 29/92 Cita en Sevilla, Reales Alcázares, Sevilla Colectiva, Galería Fausto Velázquez, Sevilla 1987 Casa de Cultura, Ayuntamiento de Tomares, Sevilla Arco'87, Galería Félix Gómez, Madrid Área de Cultura, Ayuntamiento de El Puerto de Santa María, Cádiz Palacio de la Diputación de Cádiz Obra sobre papel, Colegio de Arquitectos de Sevilla 1992 Museo de Arte Moderno Bogotá, Colombia Museo Rufino Tamayo, México Museo Sofía Imbert, Caracas, Venezuela Colección de Arte Contemporáneo, Pabellón Mudéjar, Sevilla Galería Debla, Bubión, Granada Pintores de Sevilla, Monasterio de San Clemente, Sevilla 1993 10 pintores, 10 escultores, Pabellón Mudéjar, Sevilla Galería Buades, Madrid 1995 A la Pintura, Colección Argentaria, Palacio de la Virreina, Barcelona Museo de Bellas Artes, Bilbao Galería Félix Gómez, Sevilla FIAC, Galería Jorge Mara, París 1990 Arco'96, Galería Jorge Mara, Madrid Décima temporada, primer aniversario. Galería Fausto Velázquez, Sevilla Colecciones privadas de Arte Contemporáneo en Sevilla, Fundación El Monte, Sevilla A la Pintura, Colección Argentaria, Convento de Santa Inés, Sevilla 1997 Recortes y Galleos, Auditorio de Música, Málaga Sala Municipal, Lonja de Pescado, Valencia Sala Municipal, Ayuntamiento de Tenerife Sala municipal, Museo de Pasión, Alicante Palacio de la Diputación, Cádiz Arco'97, Galería Félix Gómez, Madrid 1998 Imágenes de la abstracción, Caja Madrid, Madrid La pintura abstracta sevillana 1966-1982, Fundación El Monte, Sevilla Galería Félix Gómez, Sevilla 2000 Imágenes yuxtapuestas, Colección Argentarla, Barcelona Obra en papel de la Colección El Monte, Fundación El Monte, Sevilla 2000-01 Colección de Arte Contemporáneo del Museo Vázquez, Díaz de Nerva (Huelva). Itinerante: Sevilla, Cádiz, Huelva, Utrera, Jerez, Caja San Fernando, Sevilla 2001 Nobody likes January, La Caja China, Sevilla Toros en la Caja, La Caja China, Sevilla 2002 Andalucía y la modernidad, Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, Sevilla Sevilla en abierto, Ayuntamiento de Sevilla 2002-03 En torno al cubismo, La Caja China, Sevilla 2003 Arco'03, Galería Alfredo Viñas, Madrid |