Centro de Arte Moderno y Contemporáneo Daniel Vázquez Díaz de Nerva

La explicación de “Las plazas”
La idea original de “Las plazas” viene de la primavera de 1998. Tras leer “La vie mode d’emploi” de Georges Perec (traducida al castellano como La vida instrucciones de uso), vi claro que el autor había utilizado una serie de reglas o constricciones que potenciaban la escritura de la obra. Investigando, encontré mucha información sobre el Oulipo (Ouvroir de Littérature Potentielle, Taller de literatura potencial, fundado en París, en 1960, por Raymond Queneau y François le Lionnais) y también contacté con Jesús Camarero Arribas (profesor de francés en la Universidad del País Vasco y escritor), uno de los mayores especialistas en Perec de España. Camarero me envió su tesis, sobre Georges Perec, titulada El escritor total. Allí estaba todo lo que necesitaba saber, y luego, a medida que fui adoptando información sobre el Oulipo, se confirmó mi idea de que estaría bien escribir una novela parecida a la de Perec, al menos parecida en sus reglas o constricciones.
Si Perec hizo la suya con un edificio parisién, yo me propuse hacerlo con una plaza ficticia de Madrid. La plaza fue una maqueta desde el principio, dividida en 64 casillas o capítulos, por los que hemos pasado siempre (sin fallar nunca) una sola vez, siguiendo los movimientos del caballo de ajedrez (1, 2 y un salto hacia la izquierda o la derecha), creando así una poligrafía que era la que llevaba adelante la trama: el lector lee la novela siguiendo ese itinerario. Luego hemos incluido varias tramas subyacentes, que hicieran que todo fluyera más rápidamente, pero siempre siguiendo el hilo marcado por la poligrafía.
Además, para cada capítulo hemos creado una lista de 32 elementos (animales, colores, elementos de la tabla periódico, lugares, etc.), de los cuales había que utilizar, al menos, 24. Tenemos siempre 32 categorías diferentes que hemos combinado a partir de cierto decimal del número Pi. Y luego esos elementos han dado lugar a muchas de las historias de la novela. Otras veces solamente adornan a los personajes o les otorgan cierto exotismo a las descripciones, pero ha sido maravilloso ver nacer de una lista de palabras una historia que ni nosotros mismos sabíamos que podía salir de ahí.
Estas dos reglas o constricciones (la poligrafía y las listas de elementos) han permitido que dos personas hayan podido escribir juntos una novela. Sin ellas, quizá no hubiera sido posible. Al principio, la novela estaba dividida en cuatro tramos, y cada uno escogió un número determinado de capítulos para escribir. Total, sólo había que contar historias teniendo como elemento común la plaza, sin necesidad de que existiera una trama vertebrada y clara. En cada tramo pasaban 60 minutos de una mañana del día 21 de marzo de 2002. Y también hay otras constricciones (como textos monovocálicos, calambures, etc.), pero ya no profundizaremos más por ahora.
Igual que el Diablo Cojuelo levantaba los tejados de las casas del siglo XVII para observar a sus habitantes como quien sobrevuela una maqueta (“y levantando a los techos de los edificios, por arte diabólica, lo hojaldrado, se descubrió la carne del pastelón de Madrid”). O igual que, en la Rue del Percebe número 13, se radiografiaba, viñeta a viñeta, la vida de los personajes de ese tebeo tan divertido. O como se suceden las historias en la famosa serie de televisión “Aquí no hay quién viva”, del mismo modo, en “Las plazas”, el lector asiste a lo que acontece, acaeció y sucederá en una plaza ficticia de Madrid.
Las plazas es una novela coral, donde una multitud razonable de personajes pasa por un lugar y sus aledaños: una plaza que no existe y que ya nos gustaría que existiera. Como un remolino de aire, el narrador va contando las vidas de los figurantes más sugerentes que van apareciendo. La plaza es, en realidad, el personaje central, el marco donde, al final, se eleva un ambiente, un microcosmos, un pequeño universo de historias que llevarán al lector a disfrutar de varias horas divertidas, imaginativas y apasionantes.
En Las plazas brilla una alquimia maravillosa y precisa de mininovelas que, en vez de haber sido escritas por separado, han sido apuntaladas en cada uno de los gestos, episodios y casos de los personajes (los clientes del hotel Orión, los habitantes de Kostiakú, las monjas magnolinas, el extravagante director del museo, el detective ingenuo, la curandera despilfarradora, el ambicioso del videojuego, etc.). Y este compendio compone una novela nueva deseosa de ser descubierta por el ancho caudal de estrellas que son los ojos de los lectores.
Los autores.
Mercedes Marcos Monfort
nació en Málaga en fechas intrigantes. Es licenciada en Filosofía y Letras por
la Universidad Autónoma de Barcelona y ha asistido a cientos de conferencias.
En el año 2000 ganó las oposiciones y desde entonces, ejerce como profesora de Lengua Castellana y Literatura en un instituto andaluz.
Además de madre de dos hijos, es escritora, junto con su marido José Miguel Desuárez. Con él ha escrito una novela moderna, transgresora, divertida e imaginativa: “Las plazas”, que salió al mercado en Mayo de 2006 en Ático ediciones.
Como no podía ser menos, amenaza con seguir escibiendo. Y es cierto, pues están escribiendo también otra novela, “Hotel cielo” y una nouvelle: “Un reflejo en el laberinto”.
José Miguel Desuárez
desciende de familias sevillanas, nació en Valencia, en 1975. Ha sido empresario
desde muy joven, pero también ha hecho otras cosas (batería de rock, locutor de
radio, un par de hijos, etc.) y escribe: siempre está escibiendo. En 1999
publicó su primera novela, “La habitación del Norte”.
Ha ganado dos premios de poesía (el XVIII de Monasterios y el V de Marchena), y es coautor con su mujer de “Las Plazas”, novela en la que ha trabajado durante los últimos siete años, pues la idea primigenia viene de 1998, año en que se bebió casi toda la obra de Georges Perec. En Mayo de 2006, la novela ha salido al mercado, a cargo de Ático Ediciones, en una edición magnífica y encomiable, que puede comprarse en todas las librerías de España y alrededores y leerse un avance en la web de la editorial: www.aticoediciones.com.
José Miguel, además de seguir escribiendo con su mujer otros dos libros, también lleva adelante un blog: “Diario de un poeta casado” y algo más estará tramando, pues amenaza con seguir sorprendiendo al público lector y no lector.