Centro de Arte Moderno y Contemporáneo Daniel Vázquez Díaz de Nerva


Después
de la lluvia de verano fue el título de la exposición que Manolo Cuervo
presentó en el Ateneo de Madrid en diciembre del año pasado, similar a esta
otra a la que ahora vamos a llamar Ton voyage Mr Crow", por voluntad del
autor atendiendo a la historia de una despedida en un hotel de Tahíti. Como
demostró Foucault a partir de la "enciclopedia china" de Borges, lo
que se nos mostraría a través de este cambio es que las clasificaciones, las
representaciones, son construcciones ficticias y contradictorias, y lo que señala
en el cuento de Borges el "encanto exótico de otro pensamiento" no es
sino el límite del nuestro. Cuervo ha asumido "la autoridad de establecer
diferencias", y a partir de un nuevo título reordena los elementos que había
dispuesto para su primera exposición (pues no en vano su nombre había sufrido
una traducción en esa despedida). Por otro lado, el artista está acostumbrado
a trabajar con este tipo de situaciones. Se dedica al diseño gráfico, a la
ilustración y a la pintura. Actúa sobre lo más cotidiano y familiar, sobre
otras construcciones ficticias, sobre el imaginario de la publicidad y el deseo. 
Me referiré, sin embargo, a continuación, a las pinturas que vi en su estudio antes de todo esto, que ha ocurrido hace sólo u os días. Fue a finales de septiembre de 2003; acabábamos de pasar el verano más caluroso del que tengo memoria. Calor sofocante durante días y días con sus noches. Uno de los cuadros se titulaba Lluvia de verano, y la gama de azules y verdes claros invitaba a evocar esa sensación de frescor que alivia por un instante una atmósfera cargada antes de la tormenta aunque pronto lanza la tierra un fuerte calor saturado de humedad. Esa gama se extendía por el resto de la serie, y como si se tratara de ese efecto fugaz, sucumbía ante los rojos y anaranjados del sofoco: sol recortando la figura de una chica en Pekín, zarza ardiendo en la melena de Jimi Hendrix, casa en De vuelta a casa, casi El grito de Munch en una cabeza con excrecencias de medusa. El negro es la aureola del luz estival que ciega, el blanco.
Todas las pinturas llevaban un título y la mayoría narraban historias que parecían aliviar, desde el recuerdo, las sensaciones de ese fatigoso agosto. Imágenes de vacaciones y viajes alguno de hacía casi dos décadas ¡dos décadas!, componiendo cuadros donde los souvenirs de Conil se mezclan con los de la China o Tahití.
Hace
poco más de veinte años que vi por primera vez los cuadros de Manolo Cuervo.
Recuerdo uno en particular colgado 17 el entonces Museo de Arte Contemporáneo
de la calle Santo Tomás; dónde se encontraba, en la planta baja al fondo de la
nave frontera a la entrada; su composición geométrica y la alternancia de
tonos claros y negros. Se trataba de la exposición de unos jóvenes artistas
sevillanos en homenaje a Picasso, de quien se cumplía el centenario de su
nacimiento, y se notaba en aquel cuadro que Cuervo no había pasado todavía el
sarampión de las cualidades inherentes al medio, de los temas del límite, la
escala y la bidemensionalidad, y como otra interesante porción de pintores
locales lo superaría a mediados de la década.
Estas
obras actuales conservan un eco lejano de aquellas por su claridad compositiva y
limpieza de factura subrayadas por las características de un trabajo en
contacto permanente con las artes gráficas y la comunicación. Y con todo, son
composiciones muy elaboradas, o deliberadamente simples, si se prefiere, sobre
la base de un dibujo elegante y firme y sobre la interacción de distintos
campos. ¿Hemos de mencionar su admiración por el pop y sobre las distintas
estrategias de combinación de fragmentos y diversos elementos en la imagen?
Conforman unos campos ahora más imprecisos
en sus contornos de trazo sinuoso que los creados por las retículas de la
yuxtaposición de CDs en su exposición en Fausto Velázquez (1996). Trama que
transfería un orden menos incierto que el que ahora investiga, y arriesga, en
estos grandes formatos pictóricos; mientras que en otras composiciones previas
el damero se había abierto en los recortables: una idea de impronta
transformada en ventana y veladura, la misma idea que convierte en icono a la
cabeza y en signo a la mano abierta. Chorreones, graffitis y textos que por otro
lado tienen que ver muy poco con los de la publicidad, no disimulan la imagen,
es testimonio y rúbrica del autor en sus iniciales y en su firma, un texto más
integrado en la composición; yo estuve aquí y sigo hablando.
En
fin, toda una serie de argucias para la interacción de un orden pictórico y un
orden de la experiencia cuya significación surge de la apertura de esas tramas,
yuxtaposiciones y fragmentos. Experiencias cuyo tono no queda registrado en la
tela como pasajes de una ritualidad obsesiva o grandilocuente. Más bien apuntan
a la fortuna de lo pictórico como espacio de ficciones donde conviven un mundo
personal poco dado a la autocomplacencia y una mirada hacia afuera, en todo caso
nostálgica y de complicidad generacional, pero sorteando lo autobiográfico
kitsch, pertrechado de un punto burlesco o, como mucho, irónico.
Todavía
es pertinente plantearse el papel de la pintura frente a la eclosión de los
nuevos medios; sobre su influencia en el orden social, la cuestión podría
parecer pura arqueología aunque quede desmentido por trabajos de interés que
guardan estrecha relación con el mundo de la ilustración. Manolo Cuervo como
diseñador y pintor se lo plantea dentro de una compleja trama de demandas de
todo tipo. Concluí un texto sobre su anterior exposición: "Después de la
lluvia de verano resulta así un alivio frente a la banalidad cotidiana y sus
obras unos emblemas sin pretensiones aunque con vocación colectiva: una bandera
para una pasión por Jimi Hendrix, por ejemplo, o unas listas que se podrían
serigrafiar para una llamativa camiseta. Emblemas sin drama: en todo caso, de
los ligeros naufragios que acompañan a una melodía".
Ahora
termino con Bon voyage Mr Crow, su nuevo proyecto similar, y cito un texto de
Rafael Agredano de 1996, "A quienes se burlan del concepto de posmodernidad
creyendo, por evidente ignorancia, que se trata de un corte
de pelo, podemos sustituírselo por realidades que tienen que ver con él".
Menciona a continuación la fusión y al mes 'zafe. En el caso de Manolo Cuervo,
compartiendo la apreciación de Agredano sobre lo posmoderno, vuelvo a lo
comentado al principio de estas líneas sobre Borges para añadir que cada pequeño
relato establece su propia narración, su narrador y sus oyentes, esto es, su
propia autonomía. Cada uno puede ser tomado como la fuente de su propia
legitimidad. Todos tienen derecho a narrar.
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Francisco del Río. |