Centro de Arte Moderno y Contemporáneo Daniel Vázquez Díaz de Nerva
"SOBRE
PAPEL 1973 - 1999"
Por Chema Cobo.
Esta
exposición engloba el conjunto de la obra sobre papel del Chema Cobo,
muchas de ellas inéditas, realizadas entre 1974 y 1998. En ellas pueden
observarse todo tipo de técnicas usadas para experimentar las
posibilidades de este tipo de lenguaje. Van desde la acuarela al oleo,
pastel, tinta china, lápices de colores, carboncillo, y magníficos
collages y obras de técnica mixta.
En palabras de Francisco del Río, comisario de la muestra, Chema Cobo es "un pintor que pretende con el arte, como él mismo afirma, negar lo evidente, expresar aquello que no se alcanza expresar con lenguaje". Por otro lado, las creaciones de Chema Cobo están llenas de ironía y dosis de humor.
Este pintor gaditano perteneció a aquel grupo de artistas que formaron en los sesenta la joven figuración madrileña, bajo conceptos comunes sobre la creación artística."Hablábamos de cosas como pintar por el placer de pintar, del eclecticismo como actitud vital, de un academicismo burlesco", comenta el pintor. Unos artistas que expresaron una voluntad por releer críticamente la modernidad tal como había sido planteada por la abstracción y el arte conceptual.
La
obra de Chema Cobo avanzó seguidamente hacia posiciones más críticas,
con imágenes de gran impacto visual, con un universo simbólico
configurado por muros, mapas, o la figura del joker.
Es una obra la de este
pintor que, como él mismo explica, no solo se ve con los ojos, sino que
requiere que la mirada se detenga en sus obras, con tiempo para
reinterpretar la realidad que el artista muestra en sus composiciones.
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La espesura de "Menos que nada" FRANCISCO DEL RÍOUna mano traspasada por una flecha abre la carpeta Tránsito. Una herida en la mano que hace y en la mano que muestra, que habla. I Esta exposición es, de hecho, una retrospectiva de veinte años de la obra gráfica de Chema Cobo y dará ocasión -como ocurre con otras exposiciones de este tipo- a toda una serie de consideraciones sobre la relación que guarda en un artista unos procedimientos no habituales como "obra mayor". Dibujo, grabado, cerámica, etc., son otros tantos medios expresivos de los que se vale un autor para desarrollar su obra, si bien el dibujo, aunque "un arte menor", a desempeñado un papel principal en la historia del arte. Como método de conocimiento de la realidad -el dibujo no es la forma sino el modo de verla, según Degas -, como germen y plasmación de una idea, como instrumento para el aprendizaje de las Bellas Artes o, sencillamente, como la forma de expresión más directa del artista, la que restituye técnicamente lo visto con la mano y con el ojo. El grabado en cualquiera de sus vertientes -pues comprende todas aquellas técnicas desarrolladas a partir de una plancha o matriz y su estampación- es un procedimiento íntimamente relacionado con el dibujo, constituyendo en realidad uno de sus modos, al que le presta todas las posibilidades que ofrece su multiplicación. De la contemplación de un grabado, de sus líneas y tonos, luces y sombras, gradaciones y marcas, fondo y marco figurativo o, incluso, por la textura del papel o la conformación de sus bordes, parece deducirse una satisfacción estética inmediata. Satisfacción porque el grabado, como el dibujo, conserva todavía unos signos con la impronta de un autor, en el sentido originario de la palabra estilo: "la forma del movimiento de la mano, la ejecución, la manera espontánea con la que los artistas plasman sus pensamientos";. En fin, hallamos toda una serie de componentes estéticos ligados a la expresividad de los materiales y los procedimientos de origen artesanal proyectados sobre el carácter conceptual del dibujo. Se podrá argüir que esa expresividad es, cada vez en menor medida, responsabilidad del artista pues concepción y realización en el grabado tienden a separarse, y que el controvertido tema de la definición de lo que es un "grabado original" no ha venido sirvo a corroborar una intervención suya en ocasiones nula o prácticamente testimonial, consistente la mayoría de las veces en la traslación y copia de un dibujo original a una matriz, realizada en talleres altamente especializados. Pero con independencia de una gestación más o menos "legítima", la imagen debe conservar unos valores estéticos si los tuvo en origen, como los tuvo el grabado históricamente, incluso sin la parafernalia de la numeración, de las pruebas de estado o la firma. Una cuestión ésta, la de la legitimidad, irrelevante hoy -menos para el mercado-, pero que no debiera serlo tanto excepto por lo que expresa de una condición de autor que ha roto la ligazón entre invención y realización, entre intencionalidad y materia -y esto sí es importante-, aunque no se discuta, en principio, la libertad que asiste a todo artista para emplear cualquier procedimiento. La gráfica de Chema Cobo se integra "legítimamente", por origen y perspectiva, en el conjunto de una obra para la que es imprescindible una indagación técnica como dominio sobre un medio y los materiales, para "dar, dice Cobo, nuevos contenidos al lenguaje". Indagación, pues, como condición previa para todo autor que pretenda, en el sentido que diría Foucault, " insertarse en el espesor de las cosas y darle sentido (...), animar desde el interior las reglas de un lenguaje y abrir paso así a los objetivos que le son propios"; unos objetivos que cuando se cumplen en la obra de arte, quedan ellos mismos trascendidos, al igual que el propio artista: "Yo no digo, mis palabras me dicen", que diría Cobo. Un planteamiento sobre los medios y los materiales presente en su pintura, aunque ésta haya cuestionado siempre las categorías estéticas tradicionales e incorpore elementos conceptuales o del propio Duchamp. Una obra compleja en plena sintonía con lo contemporáneo, en tanto que "transformación incesante" e "infinito desplazamiento de significado", y sobre la que se han depositado agudas interpretaciones de la critica y la brillante actividad teórica del propio autor. Un pintor que pretende con el arte, como él mismo afirma, negar lo evidente, expresar aquello que no se alcanza a expresar con lenguaje y, en fin, proponer una manera sensual de hacer filosofía. Así su actividad reflexiva y plástica relacionó desde el principio pintura y lenguaje, cuestionó lo estético como orden y dirigió su mirada a las tradiciones menos formalistas de la vanguardia. Después se adentró en lo sublime moderno y ahora nos muestra lo absurdo de la realidad distorsionando los sistemas "a través de los cuales nos aproximamos o concebimos esa realidad". Y como siempre, con ironía. II Es bien conocida la historia del grupo de artistas que a mediados de los setenta formaron la joven Figuración madrileña, entre ellos, Chema Cobo. Un grupo que compartía una serie de inquietudes: "Hablábamos de cosas como pintar por el placer de pintar, del eclecticismo como actitud vital, de la ruptura con la linealidad de la historia del arte, de un academicismo burlesco, de lo decadente y lo elegante como métodos de insultar al dogmatismo de la abstracción post-Paso, o de la intransigencia del arte conceptual tal como se había practicado hasta entonces", cuenta el pintor. Algunos escritos de Juan Manuel Bonet refieren otros aspectos de interés: "una fuerte conciencia de la tradición de la pintura, una no menos fuerte voluntad de autoanálisis; la capacidad de asumir aspectos entonces poco apreciados de la cultura y la vida española; la voluntad de releer críticamente la modernidad" o "el odio" hacia el arte comprometido, la afición al dibujo y un humor afilado y provocador. La pintura de Cobo surge, sin duda, en uno de los momentos más intensos e influyentes de la renovación del arte español contemporáneo. Desde entonces, expresiones como "placer de pintar" o "recuperar la dignidad de la pintura" se convirtieron en lemas de una generación. Las serigrafías que abren cronológicamente esta exposición, Dinámico Marinetti y Alicia, surgen en aquella situación. Fueron editadas por Juana de Aizpuru, en 1976 y 1979, en una época en la que aparecieron numerosas suscripciones de obra gráfica. El empleo de la serigrafía se adaptaba perfectamente a la imaginería pop y a esa apariencia ligera tan distinta a la expresividad de los grabados editados, entre 1960 a 1975, por Estampa Popular. No estaría de más recordar algunas de sus pinturas de entonces, como Demoiselle Meteorita (1975) y la Torre de las noches y los días (1980), en las que Cobo hizo su particular lectura, ecléctica y llena de sentido del humor, de la tradición vanguardista.Uno de los temas centrales de su obra era la continua dislocación a la que sometía el plano del cuadro. Este ya no es la ventana ilusionista a través de la cual el pintor proyectaba su mirada por medio de la perspectiva: lo cierto es que el artista no poseía cifra alguna para la realidad. El texto que Cobo redactó para su exposición en la galería Vandrés (1981) , refleja la síntesi que pretende en su pintura, entre la introspección y la indagación formal. Clausurado el mundo, no sólo como mímesis, la mirada del artista se vuelve sobre sí mismo, un tema que será central en toda la producción de Cobo, y que veremos asomar en las imágenes de una paleta de pintor que es la bandeja para una ofrenda en las figuras ciegas, en el camaleón o simplemente en sus autorretratos, de los que se presentan varios en esta exposición, como el magnífico de la carpeta I can't remember what I have to forget (1989), deriva del tema de Narciso y su irrecuperable condición, sobre el reflejo de las palabras."Me convertí para mí mismo en la gran cuestión", escribía en el texto de Vandrés, citando a San Agustín, y cuenta que en el exterior, el horizonte que contempla desde la ventana de su estudio en Tarifa se componía y recomponía como el espacio del cuadro, que era la prolongación de sí mismo y en el que entraba y salía. La superficie del lienzo convertía eclécticamente todo en pintura. Cobo, lector infatigable, dirá de sus cuadros que en un 80% estaban pintados con libros en las manos: la Biblia, Blake, Nietzsche, Benn... Y sugería unas lecturas que podían servir para la interpretación de sus cuadros: la filosofía y la mística alemanas, Quevedo, Gracián. Rabelais, Shakespeare, Carroll.... Pese a todo, el joker, personaje emblemático de la pintura de Cobo, se preguntará: ¿El sentido del Arte se establece desde dentro o desde fuera del arte? ¿Es la forma una extensión del contenido o una extensión de la forma?.Son éstas unas cuestiones estrechamente relacionadas con el tema de la autonomía de lo artístico, un concepto insostenible para Cobo cuyos planteamientos son cada vez más radicales hacia finales de los ochenta. ¿Cómo dar con un arte expandido y crítico, abierto hacia el mundo pero que, en tanto que arte, debía mantener su propia especificidad? Y en ésta no cabe ni el proceder ciego de la mano ni la disolución de la forma como concepto. La poética de Cobo pretenderá discurrirse entre estos límites y su obra gráfica puede mostrar sus aciertos, sus logros, con claridad distinta a su "obra mayor", desde un medio que devuelve el espacio a la mirada del espectador, quizás menos autoritariamente, de una manera más directa, sensual, sin que por ello pierda su carga especulativa. III El heterogéneo conjunto teórico que constituye lo posmoderno iba a aportar al arte de los ochenta una serie de temas que tuvieron el llamado giro lingüístico (Nietzsche y Heidegger) su formulación más influyente. "La verdad, la certeza, pertenecen ahora al ámbito del lenguaje y no al de los hechos (...). Así la ciencia, la historia o el mundo son relatos, porque en sí mismos no son nada". Todo es interpretación. La equiparación de hechos y lenguaje, historia y relato, mundo y representación, realidad e invención se erigió en corriente dominante y, tantas veces banalizada, encubrió en realidad componentes cínicos que tuvieron mayores implicaciones, en la sociedad española, que las estrictamente estéticas. Mientras, el sujeto -ni individuo, ni persona - tendía a disolverse dentro del discurso. Cobo transfirió a su pintura estas concepciones en torno al lenguaje, pero consecuentemente, no dejó de someter al lenguaje a su propio tribunal, exponiéndolo constantemente a toda una serie de juegos de palabras, visiones especulares y disolventes y a una permanente ironía. Una de los aforismos con que abre su libro, Amnesia, " El arte es la inversión de lo obvio", expresa esa perspectiva compleja, analítica y descodificadora que ha adoptado para su pintura. "Mi único lenguaje como artista es no ser evidente y ser un simple virus mutante que contamina este lenguaje aséptico". A la vez que transmite, desmonta. Le queda sólo orientarse en un mapa de espejos, sin referencias, o trazando otros de aquellos lugares en los que asoman los intersticios de un lenguaje que, conteniéndolo todo, encierra tanto la expresión de dominio como las claves de la emancipación.IV Hemos mencionado que la primera gráfica de Cobo fue la serigrafía, y volverá a utilizarla de forma exclusiva en Sorgente (1984) o en combinación con otras técnicas, como en la estampa de gran formato de San Juan de la Cruz (1956-57) o en el autorretrato ya comentado.Pero Cobo ha utilizado sobre todo las técnicas clásicas del grabado y la litografía Sus primeros trabajos calcográficos fueron puntas secas, de 1984, composiciones con figuras que conservan la impronta de un dibujo de sesgo picasiano -podemos volver a mencionar ahora aquella idea de metamorfosis y de máscara que encontramos en sus pinturas de estos años -. Unos grabados que pueden remitir a la Suite Vollard de Picasso, formal y conceptualmente, inspirados en el tema del artista, tanto en su actividad como en su mirada, tema recurrente en Cobo. Paralelamente a su pintura de entre 1983-88, el artista desarrollará todo tipo de técnicas, combinando varias en una misma plancha: punta seca, aguafuerte, aguatinta, mezzotinto, al azúcar o barniz blando; técnicas a las que en algunos casos añade la serigrafía. La estampación se hace en negro, negro rojizo y también a varios colores, sobre papeles hechos a mano de extraordinaria calidad.No son pocos los trabajos que combinan el aguafuerte y la aguatinta, como la serie Tales of Unknown Commonplace (1989). A los tonos uniformes y las trasparencias de la aguatinta se suma el aguafuerte de línea o la punta seca, y cuando Cobo se enfrenta con todo el barroquismo de algunas de sus series de los primeros ochenta, como El estudio del artista en la tierra de la ceniza, combina varios procedimientos, además de los comentados, como el barniz blando, con el que logra todo tipo de texturas, tanto tonos como líneas. Por otro lado, ha recurrido asimismo al mezottinto, o manera negra, con el que ha acentuado en sus composiciones el efecto dramático de luces y sombras.La series Tránsito (1984), El sacrificio (1984), Ceneri (1986), la edición de la Iliada, se encuentran entre los mejores ejemplos de trabajos calcográficos con ese sentido desbordante de la formas, muy elaborado pero expresivo y directo, y presentan una gran complejidad técnica y maestría en la ejecución. Ese sentido de lo abigarrado de las formas, de atmósferas surrealistas, de mundos nocturnos y ensoñados, tiene en la aguatinta y el barniz blando uno de los mejores procedimientos expresivos, aunque Cobo traslada esos efectos, de superficies ricas y vibrantes, también a la serigrafía como Paleta Dorada ( 1985) o Sorgente (1984). El mundo de Tránsito, las estampas de San Juan de la Cruz, El Sacrificio, La paleta, o la Iliada (1988) reflejan los intereses de Cobo por lo literario, ya comentado, pues según el artista, la imagen está escondida detrás de las palabras. La forma, liberada por la vuelta a la pintura de los ochenta, se despliega potente y emulan el dinamismo barroco y la expresividad romántica: ¿Quién ha decidido que el Romanticismo es un delirio subjetivo? Posiblemente todas aquellas hordas de sujetos arrebatados por la nostalgia del orden". El artista crea escenografías de lo visionario, de la noche o del silencio del místico donde acontece la verdad del arte y rompe los límites del lenguaje. Aparecen las imágenes del toro y del fuego, los paisajes sublimes, el Estrecho, el descenso a las tinieblas... Lo siniestro, lo feo y lo tenebroso expresarían las fuerzas de emancipación de lo subjetivo romántico frente a la estética del orden de lo bello. Goya, Fuseli, Blake, el surrealismo y Dalí pueden ser referencias en estas estampas y los asuntos hacen alusión a los recurrentes en aquellos años: nomadismo, abolición de la historia como sistema, el retorno del mito. Y si al fin y al cabo toda la experiencia humana está contenida en el lenguaje, sólo quedaría citar, releer, repetir, imitar... Un límite insondable, un naufragio.A finales de la década, la obra de Cobo se desactivará formalmente virando hacia posiciones más Conceptuales y críticas, como hemos comentado. Es un momento de intensa producción gráfica, destacando sus series, I can't remember what I have to forget (1989), Tales of Unknowncommon Places (1989) Lessness, (1989) e Invisible Camouflage. Si en Tales Cobo emplea el aguafuerte y la aguatinta, en las otras series utiliza ampliamente la xilografía y la litografía, obteniendo resultados realmente brillantes y de gran intensidad visual, que destacan por la riqueza del color y las calidades tonales que logra el artista. Son imágenes de fuerte impacto visual, sintéticas aun cuando aparezcan fragmentadas. Una síntesis, asimismo, de los temas del momento: el muro, los mapas, los autorretratos, el joker. Temas en torno al lenguaje y la incapacidad de comunicar, la tautología de las cosas y su silencio, los mapas y la desorientación, el mundo como mascarada, los gemelos y el desdoblamiento, el observador y la mirada, el espejo y el autorretratoV A pesar de toda aquella retórica y despliegue barroco, de todos los excesos de "época", o del rigor conceptual y crítico posterior, el conjunto de la obra gráfica de Chema Cobo se nos muestra plenamente vigente y dotado de aquella "autenticidad" como "ámbito de la experiencia vivida", sobre la que reflexionaba entonces la crítica. Quizás estas estampas transmitan la fascinación que tiene toda exploración de un medio nuevo, el riesgo de la improvisación, el hallazgo que procura el azar, el placer del trabajo con otros en un taller... Quizás el sentido de la tradición pueda apreciarse de manera más sencilla e intensa a través de un proceso no muy complicado en sus principios, pero enormemente complejo, que ha de ser muy respetuoso con los materiales, que tiene sus propias reglas, -si se pretende que la edición sea idéntica - y que obliga cuidar cada fase del trabajo. Procesos sencillos pero abiertos, impredecibles. (quizás se comprenda mejor qué se quería decir con relato lineal de lo histórico, y su crítica, cuando es posible recuperar una tradición de miradas y afinidades en el ver y en el hacer, con la lucidez de la sensibilidad, que tiene sus razones, y que cuando se comparten, no pasan desapercibidas para el espectador. Y tal vez sea momento de cuestionarnos un arte que ha renunciado a esos aspectos del oficio, del savoir faire, que integran, como totalidad, al artista -es decir al hombre - cuando precisamente éste se encuentra "inserto en una relación funcional que cada vez le deja menos actividad creadora", como apunta Gadamer. Una actividad que no procede de la mano como "herramienta", dice el pensador, sino de la mano como "herramienta de herramientas". Una renuncia por lo que el hombre abdica de la expresión de lo interno por el hacer que es concebir y realizar - y con ello, a ocupar un lugar en el mundo, a habitar "lo que él mismo ha conformado".De alguna manera el arte, aunque proclame lo contrario, en tanto que arte expandido y significante, también se ha retirado del mundo, desenvolviéndose en medios eruditos o institucionalizados, confundiéndose, las más de las veces, con la mercancía, en lo que ésta tiene de proceso anónimo, indeterminado, sin grado alguno de pertenencia y sometida a intercambio, frente a la determinación que supone invención y realización, en el arte y en la vida. Y aunque no sea nueva la crisis que supuso para el arte la pérdida del sentido de lo aurático, la libertad absoluta en el uso de materiales y técnicas incrementa ese grado de indeterminación que subraya el empleo de medios cada vez más neutros o su "transubstanciación" en la galaxia Duchamp. Sería bueno preguntarse si no ha tocado fondo el proceso de tachadura permanente de un mundo, sin hechos, sólo interpretación; de la persona, tomada como individuo, sujeto, máscara sin interioridad, y de una época sin la categoría de lo histórico. La obra de Chema Cobo ha estado y sigue estando plenamente inmersa en estas cuestiones, y ha intentado responder a ellas con el pensamiento y la interpretación que han ido conformándola con su hacer. Una obra bien ceñida intelectualmente, comprometida con un mundo y una época a la cual responde y con la cual dialoga. Pero una obra que puede, en tanto que arte, por su valencia estética, "subvertir y pervertir, por su sola presencia, los propios postulados conscientes que su autor haya querido desarrollar a través de ella" -y añadiríamos los ajenos -. Su obra gráfica así nos lo muestra y arroja una potente luz desde la reflexión y el placer que produce. |
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